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Estudiar en Internet 2.0. Prácticas de jóvenes universitarios de la Ciudad de Buenos Aires1

Studying on the Internet 2.0. Practices of university students

in the City of Buenos Aires

 

Joaquín Linne2

Este artículo explora las transformaciones en el estudio de jóvenes de la Universidad de Buenos Aires a partir de la masificación de Internet. La metodología consistió

en una encuesta (n = 204) y

120 entrevistas. Entre los resultados, los estudiantes destacan la amplia disponibilidad de lecturas. Como aspectos negativos, señalan la dispersión ante la abundancia de opciones.

 

Palabras clave: Jóvenes, tic, Internet, universidad, educación.

 

This article explores the changes in the study of young people from the University of Buenos Aires since the massification of the Internet. The methodology consisted on a survey (n = 204) and 120 interviews. Among the results, the students highlight the wide availability of sources of information and readings. On the negative side, they emphasize the dispersion due to such an abundance of options.

 

Key words: Young people, ict, Internet, university, education.

Introducción

 

Este artículo indaga en las transformaciones en torno al estudio entre los jóvenes de las facultades de Filosofía y Letras y Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires (uba). La pregunta de investigación fue cómo se han transformado sus modos de estudio y producción académica a partir de la masificación de las Tecnologías de la Información y Comunicación (tic), en especial de lo que algunos autores denominan Internet 2.0 (Piscitelli, 2009; Urresti, 2008). En esta línea, el objetivo de investigación fue explorar las prácticas de estudio de estos jóvenes.

Las tic se han vuelto centrales en las formas contemporáneas de acceso y manejo de datos (Castells, 2009). Según el último censo argentino, 74% de la población de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires utiliza al menos una computadora (Instituto Nacional de Estadística y Censo-indec, 2012). Estas tecnologías tienen todavía mayor aceptación e incidencia entre los jóvenes (Urresti, 2008), dado que a través de ellas articulan sus actividades cotidianas para que converjan en torno a las tic (Jenkins, 2008) y generan nuevas maneras de configurar sus identidades (Boyd, 2008; Morduchowicz, 2012; Palfrey & Gasser, 2008; Piscitelli, 2009).

Entendemos “estudiar”, en un sentido tradicional, como el ejercicio del entendimiento para alcanzar a comprender algo. A través de las entrevistas y encuestas realizadas, podemos observar cómo los jóvenes universitarios tratan de adaptarse, a partir de lo que ellos entienden por “estudio”, a los nuevos entornos y herramientas tecnológicas, que habilitan y al mismo tiempo condicionan sus prácticas académicas. Es decir, a partir de la masificación de las tic se desarrollan nuevos modos de ejercitarse y esforzarse en pos del entendimiento, el conocimiento y el aprendizaje.

Si bien podemos denominar a los jóvenes de nuestra muestra “nativos digitales” (Palfrey & Gasser, 2008; Piscitelli, 2009; Prensky, 2001; Urresti, 2008), en el sentido de que todos realizan tareas múltiples (multitasking) y producen y consumen contenidos digitales (“prosumo”), en ellos también se evidencia la tensión entre los modos tradicionales (analógicos) y nuevos (digitales) de estudiar, acceder y procesar el conocimiento.

 

Metodología

 

Nuestro universo se encuentra conformado por los estudiantes que tienen entre 20 y 29 años y realizan una carrera en las facultades de Ciencias Sociales o en la de Filosofía y Letras de la uba. Los sujetos de nuestra investigación residen en la Ciudad de Buenos Aires y pertenecen a los sectores medios, a quienes definimos como los que tienen padres con nivel educativo de secundario completo o mayor, poseen empleos de media o alta calificación, y además residen en hogares sin carencia de servicios sociales básicos. Por otra parte, dentro de la muestra no se encontraron diferencias significativas en el uso de las tic según género.

Utilizamos una metodología mixta (Symon & Cassell, 1994), con elementos cuali y cuantitativos. En el nivel cualitativo, durante el primer semestre de 2012 realizamos observaciones copresenciales, que consistieron en asistir durante dos meses de modo semanal y en diferentes horarios a las bibliotecas de la Facultad de Filosofía y Letras y a la de Ciencias Sociales, ambas de la uba. Allí observamos cómo los estudiantes utilizaban sus teléfonos celulares, sus computadoras móviles y las computadoras de escritorio de las bibliotecas. Por otro lado, durante el segundo semestre de 2012 realizamos 120 entrevistas focalizadas a estudiantes universitarios: 60 de Ciencias Sociales y 60 de Filosofía y Letras. Además, realizamos 20 entrevistas focalizadas a docentes (30-40 años) de estas facultades. Entre los estudiantes de ambas facultades no se hallaron rasgos diferenciales en cuanto a las prácticas analizadas, por lo que no se especifica la casa de estudios en los fragmentos de entrevistas citados.

En el nivel cuantitativo, para complementar, actualizar y triangular los datos de la investigación (Symon & Cassell, 1994), durante enero de 2014 aplicamos una encuesta vía correo electrónico y sitios de redes sociales a estudiantes de estas mismas facultades (n: 204). Dado que se
trata de una muestra no probabilística, los resultados del estudio no son extrapolables a todo el universo de la población. Sin embargo, a través del trabajo de campo hemos saturado las categorías analizadas (Symon & Cassell, 1994). Por último, sostenemos que esta investigación, centrada en la experiencia de los sujetos estudiados, resulta útil para observar tendencias emergentes en el campo de la comunicación y educación, en especial en cuanto a indagar en las prácticas de estudio de los jóvenes universitarios a partir de las
tic.

 

Resultados

 

Plataformas de comunicación e información más utilizadas

Nuestro trabajo de campo muestra que los sitios web más utilizados por los universitarios de nuestra muestra son Facebook y Twitter. Allí combinan la sociabilidad con amigos y el intercambio de información académica y de otra índole. En las preferencias de uso siguen los portales de noticias (Clarin.com; Lanacion.com.ar; Olé.com.ar, y Pagina12.com.ar) y los que prestan servicios de correo electrónico (Gmail, Hotmail y Yahoo).

En cuanto al chat y la mensajería instantánea, los estudiantes valoran la mayor comunicación que tienen con sus pares a través de Whatsapp, G-talk y el chat de alguna red social, especialmente Facebook y Twitter. A través de estas conversaciones digitales intercambian opiniones, tareas e información académica.

Respecto del correo electrónico, 80% de los estudiantes encuestados revisa sus casillas varias veces por día, mientras que 20% afirma utilizarlas esporádicamente, dado que ahora se comunican por Facebook. Esto es todavía más frecuente entre los adolescentes (12-18 años) (Linne & Basile, 2013). A través de estas herramientas, los jóvenes intercambian exámenes, resúmenes, libros y diversos contenidos académicos. En todos los casos, los estudiantes poseen altas expectativas en relación con la integración de estas tecnologías en la universidad, las cuales no suelen verse cumplidas.

 

Facebook lo utilizo para difundir alguna cuestión en particular o por los mensajes privados, puesto que algunas personas con las que me relaciono están más pendientes de los mensajes por esa vía que por el mail (Estudiante mujer, 23 años).

 

Creí que en la facultad íbamos a usar más la computadora e Internet pero casi nada. Nos pasamos viendo apuntes en papel, escaneados o fotocopiados. Los profesores solo utilizan Internet a veces para enviar notas o exámenes (Estudiante varón, 21 años).

Por su parte, los profesores de nuestra muestra utilizan el correo electrónico para facilitar la comunicación con el alumnado, como un canal de consulta directo para los alumnos y también como estrategia para generar una red de comunicación horizontal entre pares (sean docentes o alumnos). En cambio, los estudiantes universitarios encuestados docentes de colegios secundarios prefieren comunicarse con alumnos y padres vía Facebook. Si bien las tic “facilitan” la comunicación institucional, también agregan un nuevo conflicto: el de la superposición del
ocio con el estudio/trabajo (Igarza, 2009). De este modo, a través
del
correo electrónico y Facebook los docentes pueden ser “consultados” en cualquier momento y no sólo en el horario universitario.

 

Sobreabundancia de información y fuentes

Los jóvenes consultados hacen hincapié en la poca fiabilidad de las fuentes y en la dificultad para consultarlas, al igual que en la sobreabundancia de información. Este continuo y extenso flujo de información y comunicación disponible presenta una paradoja: por un lado, es valorado positivamente y, por otro, es criticado dado que, según afirman, tiende a dispersarlos.

 

Son más las veces en que me disperso con el exceso de información que los momentos en que me ayuda a conceptualizar una idea o a tomar un rumbo respecto a tal o cual tema (Estudiante mujer, 28 años).

 

La sensación de “estar aislados” del mundo si no están conectados a Internet es compartida por 60% de los estudiantes de nuestra muestra. Esta sensación se conecta con el imperativo social y familiar de estar conectados y ser alfabetizados digitales. De este modo, al mandato familiar de obtener un título universitario entre los jóvenes de sectores medios se suma el mandato social de estar online.

 

Hay tanta información disponible que me termino dispersando y leyendo o viendo cualquier cosa. Es por eso que trato de estudiar de modo “offline” para desconcentrarme menos y poder organizar mejor mis ideas y textos. Pero es difícil, siento que me falta algo si estoy desconectado y que estoy aislado del mundo (Estudiante varón, 29 años).

De los estudiantes, 70% señala la dificultad para concentrarse en un objeto de estudio específico y no derivar siempre sus lecturas a través de los hipertextos. A su vez, esta autoconsciencia de los aspectos positivos y negativos de estudiar con las tic es enfrentada por algunos a través de diversas estrategias: trabajar offline, desconectarse de los sitios de redes sociales, apagar el teléfono celular o ir a bares sin WiFi. En definitiva, las múltiples fuentes de información disponibles benefician el estudio pero también, según refieren la mayoría de los estudiantes, les genera un trabajo extra para diferenciar la calidad de dichas fuentes.

 

La dificultad de clasificar, contrastar y seleccionar dentro del cúmulo de información. El riesgo de transitar indefinidamente por las derivaciones que posibilitan los hipervínculos y, por ende, no lograr constituir un objeto de estudio determinado; o, de lo contrario, constituir siempre un objeto múltiple, diverso, sujeto a infinitas interpretaciones (Estudiante varón, 27 años).

 

Existe mucha información que se encuentra online y aparece en medio de mucha otra información innecesaria, y ahí hay que desmalezar. Es un trabajo distinto, el de “seleccionar y editar contenidos”, que se agrega a los anteriores (Estudiante mujer, 23 años).

Si bien 90% de los estudiantes valora la mayor disponibilidad informativa que promueve la web, 60% también se queja de la comodidad para acceder a diversos textos. Esto les da la sensación de tener el trabajo “semirresuelto” y los lleva a generar textos más “superficiales”. Al mismo tiempo, existe una tendencia marcada a no cuestionar las fuentes de información que aparecen en las primeras búsquedas de Google. Así mismo, suelen referir que, si bien ahorran tiempo gracias al copy-paste, a la digitalización de contenidos y a la automatización de búsquedas y procedimientos, luego lo pierden en discriminar qué fuentes son útiles entre tanta abundancia de datos:

 

Hay que filtrar el contenido, ya que mucha de la información es incorrecta o incompleta. Y nada mejor que una explicación cara a cara (Estudiante varón, 24 años).

 

Muchas veces la info que se puede extraer carece de profundidad (Estudiante mujer, 26 años).

 

Creo que las personas que estudian solo con Internet dan muestra de falta de profundidad sobre ese conocimiento (Estudiante mujer, 29 años).

 

Autopercepción de dispersión

De los estudiantes, 70% indica que con el uso de las tic se dispersa y desorganiza. Suelen asociar “navegar” con un modo de distracción. Si bien con estas prácticas se divierten y aprenden cosas nuevas, también sienten culpa cuando no alcanzan sus objetivos académicos o quedan descontentos con su desempeño.

 

Navegar implica dispersión y distracción. Tal vez tenga que ver con la variada y constante oferta de estímulos ante los que uno cede, recula y vuelve a ceder; uno se mueve entre ellos como haciendo zapping, es lógico que se disperse más (Estudiante varón, 29 años).

 

Los docentes afirman que los constantes estímulos que los estudiantes reciben a través de estas redes sociales, de la mensajería instantánea y de las actualizaciones de noticias online, les impiden cierta reflexión necesaria para las tareas académicas.

 

Al pasar de papel a computadora, el acceso a información es mucho más rápido, pero el espacio de la mirada está sometido a mayor cantidad de distracciones. Supongo que dependerá de la disciplina personal escapar a esas distracciones. Yo no lo logro (Docente varón, 31 años).

 

Internet te permite acceso a muchísima información, pero estudiar frente a una computadora también significa estar revisando mails y redes sociales cada cinco minutos (Estudiante varón, 26).

 

Según 80% de los docentes consultados, la capacidad de reflexión se ha debilitado con la entrada de Internet en la vida cotidiana de los estudiantes. También señalan que sus alumnos cada vez retienen menos datos y que el nivel de lecto-escritura ha sido afectado por las tic, en el sentido de que leen y escriben formalmente cada vez con menor fluidez, de modo más problemático y con un vocabulario más reducido.

 

Cierto aislamiento provocado por las tic resulta negativo. La idea de que eso meramente imaginario que sucede en la red tiene un efecto concreto en la realidad a veces resulta perjudicial para los estudiantes. Muchos creen que están realizando un mejor examen estando conectados en todo momento a redes sociales, teléfonos y buscadores. O que escriben mejor porque se la pasan chateando, “wasapeando” y mensajeándose con sus amigos. O que el multitasking los hace más inteligentes. Creo que hay que estar concentrado en un solo lugar para que las cosas funcionen mejor. No se puede estar en todas partes, ni funcionar como un sujeto sincrónico (Docente varón, 34 años).

 

La dispersión y el bombardeo constante de las tic generan mucha ansiedad, quizá por el feedback constante al que estimulan, quizá por su costo “cercano a cero”. Creo que es necesario poder cortar, cada vez que lo hago me siento mucho mejor y pienso, no sé si mejor, pero sí diferente (Estudiante mujer, 27 años).

 

De los docentes, 60% y de los alumnos 40% relacionan la ansiedad y la dispersión a un menor rendimiento académico y a un uso intensivo de las tic en su vida cotidiana, como veremos más adelante. Esta doble tensión entre las “virtudes” del uso de las tic y sus “efectos secundarios” se percibe en la mayoría de los sujetos de nuestra muestra.

 

Autopercepción de dependencia

Respecto de la posible dependencia que pueden generar las tic, un tercio de los universitarios de nuestra muestra afirma haber estado preocupado por su adicción a Internet. De ellos 25% usa intensivamente juegos, 90% ve a diario contenidos audiovisuales online y 75% lee noticias por Internet varias veces por día: “uno se termina volviendo dependiente a estar conectado, a ver qué novedades hay al instante” (Estudiante varón, 29 años).

 

El año pasado tuve una adicción al juego online. Con Candy Crush, jugué un par de meses y cuando empecé a estudiar decidí abandonarlo. Para evitar tentaciones. En un momento no podía parar, jugaba siempre que tenía un rato libre y me alteraba el sueño a la noche (Estudiante mujer, 28 años).

 

El promedio de mis compañeros de la facultad usa más Facebook que yo. Al menos lo hace de una forma más activa. La mayoría lo utiliza para conectarse con otras personas, pero creo que principalmente es una forma de mostrar-
se todo el tiempo. Es una nueva adicción (Estudiante mujer, 24 años).

 

Algunos estudiantes afirman que Internet no les provoca adicción pero sí “dependencia” o “acostumbramiento”. Centralizar todas sus actividades sociales, laborales y académicas en Internet los vuelve altamente dependientes. Si no revisan su red social o su mensajería instantánea, por ejemplo, suelen tener problemas para arreglar encuentros sociales y se sienten aislados.

 

No sé si Internet genera adicción, sí capaz dependencia. O sea: si quiero ver algo “en la tele”, dependo de la programación. En cambio, online elijo. Entonces para ver algo, dependo de Internet. Otra: si mis amigas tienen el hábito de usar Whatsapp, Facebook o Gtalk para arreglar salidas y estamos en eso, dependo de Internet para enterarme y opinar. Si quiero un libro de biblioteca, Internet me ahorra ir hasta allá para ver si está o no. El diccionario está online. Los materiales de las materias también. Entonces, si necesitas consultar algo de eso en el momento, dependes de Internet (Estudiante mujer, 26 años).

 

Adicción no ... acostumbramiento, porque no creo que tenga la implicancia negativa de una adicción, aunque sí genera nuevos hábitos que debilitan las habilidades para acceder a información por otros medios (Estudiante varón, 29 años).

 

Como observamos durante el trabajo de campo, la adicción o dependencia varían según la autopercepción de los jóvenes. Podemos pensar que la adicción comienza cuando un sujeto realiza prácticas que lo afectan directamente, que no quiere realizar o que son nocivas para su salud (Ortiz Henderson, 2011). Sin embargo, elegimos definir la adicción o dependencia a partir de la autopercepción de los actores estudiados. Como observamos en los fragmentos de entrevistas y encuestas citadas, más de la mitad de los estudiantes y docentes de nuestra muestra asume cierto grado de dependencia tecnológica.

 

Internet te permite acceso a muchísima información, pero estudiar frente a una computadora también significa estar revisando mails y redes sociales cada cinco minutos. Además de desconcentrarse con los mensajes del teléfono celular, que generan aún más dependencia que la computadora (Estudiante varón, 26 años).

 

Me resulta imposible trabajar sin estar conectado a Internet. Necesito estar con muchas ventanas abiertas, son como las piezas de un rompecabezas que tengo que armar. Sin conexión no hay piezas, no hay juego (Docente varón, 32 años).

 

El teléfono celular inteligente también es señalado entre la mayoría de los estudiantes (70%) como un importante factor de dispersión y dependencia. Sin embargo, al igual que en el caso de Internet y la computadora, afirman que es una dependencia asociada a la comunicación con amigos y contactos significativos, además de con diferentes fuentes de información, entretenimiento y comunicación. Como refieren distintos estudiantes, la dependencia o adicción tecnológica puede ser a las actualizaciones deportivas (“entro a Olé cada veinte minutos”, Estudiante varón, 28 años), a las redes sociales (“entro a Facebook en cualquier minuto libre que tengo”, Estudiante mujer, 26 años) o a los juegos online (“estuve jugando hace unos meses al póker online, no podía parar”, Estudiante mujer, 27 años). Como nos señaló un docente (33 años), ante la pregunta de si creía que Internet generaba adicción en los estudiantes, “hay personas adictas a distintos consumos y prácticas, es por esto que no es ‘la sustancia’ lo adictivo sino la incapacidad de moverse de un goce; si este está puesto en Internet, allí se jugará la adicción”.

 

Mayor accesibilidad a fuentes de consulta, lectura e información

De los estudiantes de nuestra muestra, 75% resalta poder anotarse de modo online a las materias y seminarios, consultar fechas de exámenes, acceder a bibliografía y realizar búsquedas académicas desde la comodidad de su computadora personal.

Internet y la compu me sirven para acceder a materiales digitalizados y hacer búsquedas de palabras clave, para hacer resúmenes sin tipear o copiar las citas. El campus virtual, si la materia lo usa, es muy bueno: suben todos los materiales y en los foros se abren debates que enriquecen. Inscripción
y trámites online. Dropbox y Googledrive me vinieron bien para materias y
proyectos de investigación. Forofyl, el foro de la Facultad de Filosofía
y Letras, es un buen lugar para despejar dudas e intercambiar experiencias (Estudiante mujer, 27 años).

 

Con Internet puedo acceder a información inmediatamente, vincularme con personas que estudian lo mismo, intercambiar información y observaciones. También busco artículos críticos, busco en el catálogo de la facultad si tienen tal libro antes de ir a la biblioteca e intercambio mails con compañeros para despejar dudas (Estudiante mujer, 28 años).

 

Todos los estudiantes coinciden en que mejoró el acceso a textos y fuentes. Como vemos en la muestra, aprecian el acceso constante, múltiple y gratuito a contenidos nacionales e internacionales. Además de la diversidad y gratuidad, la velocidad en el acceso, en la lectura y en las producciones es el otro aspecto fundamental en la valoración de sus experiencias con las tic.

 

Se puede acceder instantáneamente a cualquier referencia, solucionar dudas, “googlear” ortografía de palabras dudosas, tener respuesta de compañeros rápidamente, no tener que juntarse en el conurbano profundo un domingo a la tarde a hacer trabajos en grupo. Eso ahora sucede en Google Drive (Estudiante mujer, 27 años).

 

Acceso rápido a distintos materiales. Desde quotes hasta textos completos. No me muevo de casa, no pierdo tiempo. Para buscar en un texto toco Ctrl + f y encuentro en un segundo lo que busco (Estudiante varón, 29).

 

Para los estudiantes, son centrales el acceso y la posibilidad de lectura de una gran diversidad de contenidos disponibles. Este ahorro, además de económico, es un ahorro de tiempo y espacio, que es de especial importancia para los estudiantes que trabajan. De este modo, gracias a las tic, pueden avanzar con el estudio en los ratos libres que tienen en su trabajo, sin necesidad de trasladarse hasta una biblioteca o a su lugar de estudio. En este sentido, lo que les resulta más útil es poder consultar una referencia sin tener que ir físicamente a la biblioteca. Y también la cantidad de fuentes: mientras antes solían conformarse con el texto o la enciclopedia disponible, ahora pueden comparar y contrastar. 

 

Transformaciones en los modos de lectura

De los universitarios encuestados, 60% señala que poseen el nuevo hábito de leer en formato digital: además del mayor acceso a textos y enciclopedias digitalizadas, resúmenes y artículos, resaltan la importancia de las búsquedas online. Estas constantes búsquedas y lecturas en Internet ante cualquier duda o curiosidad vinculada al estudio les permite aprender nuevos conocimientos, pero también opera como un constante distractor:

 

Suelo hacer una lectura fragmentaria e incompleta de papers vía Internet. Si no hay un pasaje al papel, no lo cuento como tiempo de estudio. Internet es un accesorio valioso para un proceso de estudio que se sigue dando principalmente a través del papel, aunque en los últimos tiempos el e-book permite una interacción diferente con el texto digital. Pero claramente Internet ha afectado mi capacidad de concentración, que se ha vuelto más superficial y “volátil”, y pospongo mucho el momento de ponerme a escribir lo que yo pienso sobre un tema. Parece que tengo déficit de atención. Veo que algo parecido le sucede a la mayoría de mis alumnos, aunque sean más “nativos digitales” que yo (Estudiante y docente varón, 29 años).

 

Pese a esto, afirman que de este modo no pueden leer textos largos, que los cansa más y que la comodidad de leer en pantalla los vuelve menos atentos:

 

Leo más en la compu pero sigo prefiriendo el papel, el objeto libro sigue siendo súper valioso para mí (Estudiante mujer, 26 años).

 

Me aburro rápidamente cuando tengo que leer textos extensos en Internet, prefiero los libros en papel (Estudiante mujer, 27 años).

Los estudiantes se debaten entre el antiguo imaginario de procesar el conocimiento, a través de la lectura en papel, y el nuevo, a través del hipertexto y los contenidos digitalizados. Esta tensión los obliga a generar estrategias para avanzar en sus carreras académicas.

 

Sigo leyendo en papel, pero cuando estudiaba mi carrera de grado (hasta 2012) los contenidos casi nunca me llegaban por mail, como me los envían ahora escaneados, en “pdf” o en “doc” los docentes de una especialización que estoy cursando. La lectura de pantalla me volvió cada vez más miope. Y menos atenta como lectora. Antes estudiaba mejor, me parece a mí. Intento ir a los libros, si los puedo pagar o están en la biblioteca popular de la que soy socia los leo de ahí (Estudiante mujer, 29 años).

 

Con Internet puedo llegar a más información, a más gente para hacerles consultas. Puedo contrastar esa info, ir y venir … creo que soy peor lectora: a veces leo cruzado, en fragmentos, picoteo acá y allá, pero en mi cabeza se arma un tetris irrepetible de data, uno que finalmente es solo mío, un texto caótico que no está escrito del todo en ningún lado, aunque sí advierto que hay cosas que no registro. En síntesis, soy peor lectora pero mejor ... aspiradora. No sé cómo decirlo. Para una persona curiosa como yo es una herramienta mágica (Estudiante mujer, 28 años).

 

La tendencia es a reemplazar los libros y apuntes en papel por la computadora de escritorio o móvil, que se ha vuelto el nuevo entorno central del estudio. Allí los estudiantes articulan toda la información, los resúmenes y la mayor parte de las fuentes. Sin embargo, la gran mayoría (80%) prefiere leer textos “largos” en papel antes que en pantalla.

 

Los primeros años de facultad cuando estudiaba pasaba muchas horas frente a las hojas. Por ejemplo, algo tonto pero claro: estudiaba en la mesa. Me ponía la lámpara, estudiaba frente a los libros. Mi papá, inclusive, me regaló un atril para libros que siempre usé para leer mientras estudiaba. Hermoso artefacto. Ahora estudio, trabajo, todo en el escritorio de la computadora. Pocas veces leo en la mesa. Es una cuestión de escenario (Estudiante varón, 27 años).

 

En cuanto a la mirada de los docentes, consideran que “la tablet reemplazó muy dúctilmente a la fotocopia” (Docente mujer, 31 años) y que con las tic “el espacio de la mirada está sometido a mayor cantidad de distracciones” (Docente varón, 32 años). Por otra parte, algunos universitarios señalan que el estudio no ha cambiado en su esencia, sino que se han agregado medios para acceder más fácilmente a textos y fuentes de consulta.

 

Diría que mis hábitos de estudio básicamente no han cambiado. En todo caso, trato de proveerme de libros antes que de fotocopias. Internet me ha ayudado y sigue ayudándome a encontrar textos en libro. Y también se
ha sumado la lectura digital, sin dudas. Mis hábitos de estudio han cambiado respecto a ciertas fuentes y especialidades en las que antes no incurría. El acceso a la información se ha incrementado, así como el aprendizaje de la búsqueda de información (Estudiante varón, 29 años).

 

Me cuesta leer con una backlight screen, así que sigo leyendo en papel. Digamos que en las pantallas chusmeo, sobrevuelo, investigo sobre libros o temas que luego iré a buscar a los libros. Me gusta subrayar, hacer anotaciones. Disfruto la construcción de una biblioteca a la que volver. Todavía no probé el libro electrónico, pero le tengo fe (Docente varón, 34 años).

 

Internet les permite a los estudiantes disponer de contenidos a los que no podrían acceder de otra manera. A su vez, les posibilita comunicarse
e intercambiar contenidos de modo virtual. Por otra parte, un fenómeno que resaltan estos jóvenes es el cambio de formato en la lectura, del libro en papel al
e-book en la tableta o el pdf en la netbook o computadora de escritorio. Aunque lean en papel, señalan que utilizan la computadora para hacer resúmenes en formato digital. De este modo, los resúmenes, al igual que los libros y artículos, pueden intercambiarse con pares.

 

Performance académica

Respecto de si se consideran “mejores” o “peores” estudiantes que cuando estudiaban sin la omnipresencia de las tic, 20% respon-
de que “ni mejores ni peores”, sino “distintos”, ya que ser buen estudiante se conecta principalmente con el compromiso.

“Ser mejor estudiante” tiene que ver antes que nada con la responsabilidad de ser mejor estudiante. Los dispositivos facilitan la tarea, pero si esa tarea no es encarada con responsabilidad y con placer, entonces poco importa la accesibilidad a Internet (Estudiante varón, 29 años).

 

Sin embargo, 50% de los estudiantes señala que, si bien pueden ser más efectivos por la mayor variedad de herramientas de las que disponen, se consideran peores estudiantes, ya que se dispersan más, les cuesta focalizar en su tema de estudio y realizan producciones académicas más superficiales. El restante 30% considera que con las tic son mejores estudiantes.

 

Supongo que soy más efectivo, puedo hacer trabajos con más velocidad y agregarle algunos moños, detalles de terminación. Pero me disperso más, casi no leo textos largos. Me volví un lector, y por ende un estudiante más vago, o más fragmentario. Supongo que eso también me vuelve más digital y contemporáneo (Estudiante varón, 27 años).

 

En parte soy mejor estudiante, por el acceso a muchas fuentes que antes podían ser exclusivamente relevadas desde bibliotecas especializadas. Por otro lado, creo que hay mayor pérdida de tiempo con el uso constante (Estudiante varón, 28 años).

 

Por su parte, los docentes de nuestra muestra resaltan que Internet empobrece la reflexión, la profundidad en la lectura y en la escritura, en parte porque en diversos casos “favorece la copia acrítica de información no elaborada por los estudiantes” (Docente varón, 33 años).

En este sentido, 40% de los estudiantes indica que ha copiado o plagiado textos encontrados en Internet y los ha utilizado de modo “casi literal” en una producción académica propia. Este alto porcentaje de estudiantes que asumen haber copiado textos es una problemática relacionada con los cambios recientes en los hábitos de lecto-escritura de los universitarios y un rasgo común de la mayoría de los textos que circulan en Internet (digitales e hipertextuales): “cierto ‘pegar y cortar’ a veces conspira contra el conocimiento” (Estudiante varón, 29 años).

Mis hábitos de estudio y acceder a información en los últimos años han cambiado muchísimo. Hay una disponibilidad y conectividad mayor, y eso es muy bueno, productivo y democrático. Pero también esta sobreabundancia puede marear y requiere mayor lucidez para filtrar, casi continuamente, lo importante de lo banal, lo interesante de lo vulgar, lo trascendente de lo ordinario, lo que importa de lo que no importa (Estudiante mujer, 28 años).

 

La mitad de los jóvenes consultados se considera peor estudiante a partir de la “omnipresencia” de Internet en sus vidas. Si bien reconocen que algunas tareas resultan más rápidas y accesibles (por ejemplo, ahorran tiempo y energías en la búsqueda de materiales), cuestionan su mayor dispersión, su bajo nivel de concentración en el estudio a raíz de la constante tendencia a realizar micropausas, la tentación del plagio
y la menor capacidad de reflexión.

 

La disponibilidad online hace que todo sea más rápido y uno busque rápidamente porque dispone de otra cosa que puede ser más útil. En ese pasaje, lo que puede perderse es cierta capacidad de reflexión (Docente varón, 31 años).

 

Quizás ahora soy peor estudiante. Siento que estudio menos. Paso mucho tiempo dando vueltas, mirando noticias y correos, en vez de trabajar o estudiar realmente (Estudiante mujer, 29 años).

 

Por último, en cuanto a la percepción de los estudiantes respecto de los requisitos tecnológicos institucionales, 90% percibe como necesario para transitar la vida universitaria no ya solo tener Facebook y correo electrónico, sino poseer una computadora con acceso a Internet. Esto en parte es porque en los últimos años los docentes han empezado a enviar por correo electrónico diversas consignas y contenidos de lectura. Además, en reiterados casos envían los exámenes, las pautas de trabajos prácticos o las calificaciones. En definitiva, si bien los jóvenes universitarios enumeran aspectos positivos y negativos de su reciente experiencia intensiva con las tic y el estudio, reconocen que en la actualidad es un requisito institucional para la vida universitaria disponer de cuenta de Facebook y un correo electrónico personal, además de un acceso constante a una computadora con Internet.

Discusión y conclusiones

 

El uso de Internet para el estudio se ha vuelto una herramienta útil y necesaria para la comunicación y el prosumo de los jóvenes universitarios, en especial en cuanto a acceder y producir textos, editarlos y refinar búsquedas bibliográficas. Los estudiantes resaltan disponer de más herramientas, contactos y fuentes para estudiar, aunque son conscientes de los riesgos que conllevan estas tecnologías. Así mismo, poseer acceso a una computadora con Internet se ha vuelto un requisito para cursar una carrera universitaria. Por otra parte, si bien las redes sociales y la mensajería instantánea han reemplazado al correo electrónico como principal medio de comunicación digital, para los universitarios de nuestra muestra el correo electrónico continúa siendo una herramienta fundamental, tanto para comunicarse entre pares como con docentes. Sin embargo, también las tic plantean un nuevo desafío a la relación docente/alumno: el de cómo comunicarse y qué límites espacio/temporales establecer en un momento de auge de la comunicación digital que tiende a ser tanto móvil como sincrónica y asincrónica.

Respecto al plagio en la producción académica, hay que repensar qué es producir en tiempos de Internet. Es preciso reflexionar sobre el concepto de escritura y creación, ya que Internet pone en evidencia que siempre estamos retomando la palabra de otro. En décadas pasadas también se podía copiar de los libros, la única diferencia es el tiempo que se demoraba en hacerlo y la cantidad de textos accesibles. Saturados los discos duros y los portales por las inmensas cantidades de información almacenada, ¿qué será producir conocimiento original en el futuro?

Hemos observado cómo entran en conflicto y se reconfiguran los imaginarios alrededor de lo académico mientras se reprocesan los nuevos modos de buscar información y comunicarse. En palabras de los propios estudiantes, se observan dos imaginarios en tensión. Por un lado, el moderno de la biblioteca tradicional, donde reina el silencio, la seriedad reflexiva y la concentración focalizada, con textos impresos en papel que son la “posta sagrada” de apropiación del conocimiento. En el otro extremo, se encuentra el imaginario postmoderno y su convencimiento de que Internet es el único modo vigente y operativo de acceder a una comprensión del mundo. Entre estos dos imaginarios en conflicto, se sintetiza un clima de época y una tendencia compartida entre los estudiantes universitarios: la de creer que las tic son herramientas fundamentales para su vida social, para mantenerse informados y entretenerse, pero que esta constante oferta de contenidos y aplicaciones atenta contra sus proyectos académicos.

Los estudiantes y docentes universitarios de nuestra muestra también suelen coincidir en que el uso intensivo de las tic para estudiar provoca una mayor dispersión y cierta superficialidad del desempeño académico. En este contexto, la literatura especializada analiza la dispersión como un rasgo generacional, al que denomina multitasking. El trabajo de campo indica que estos jóvenes no son más dispersos, sino que su atención y sus modos de estudio son distintos: más fragmentarios, hipertextuales y menos lineales que los de generaciones anteriores. Esta condición, que podemos sintetizar en torno al concepto de nativos digitales, no los exime del esfuerzo y el ejercicio constante por aprehender estas nuevas prácticas de estudio. Ahora no solo tienen que entender un tema, sino una herramienta, una aplicación, un buscador, un software. Esto forma parte del prosumo que realizan estos jóvenes, quienes no solo deben aprender los contenidos dados, sino que deben encontrarlos, seleccionarlos y editarlos, para recién entonces comenzar a estudiar. Si bien nuestra investigación es exploratoria, confiamos en que sus aportes contribuyan a profundizar estas cuestiones en futuros estudios.

 

Bibliografía

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Fecha de recepción: 21/10/13. Aceptación: 21/01/14.

1 Investigación financiada por el Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas.

2 Instituto de Investigaciones Gino Germani/Universidad de Buenos Aires, Argentina.

Correo electrónico: joaquinlinne@gmail.com

Uriburu 950, 6°; Buenos Aires, Argentina.

 

Nueva época, núm. 23, enero-junio, 2015, pp. 195-213. issn 0188-252x

 

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Comunicación y Sociedad, Año 14, No. 30, septiembre-diciembre 2017, es una publicación cuatrimestral editada por la Universidad de Guadalajara, a través del Departamento de Estudios de la Comunicación Social, por la División de Estudios de la Cultura, del CUCSH Campus Belenes, Av. Parres Arias #150, Col. Belenes, C.P. 45100, Zapopan, Jalisco, México, Tel. (52-33) 38193362, http://www.comunicacionysociedad.cucsh.udg.mx, comysoc@yahoo.com.mx. Editor responsable: Gabriela Gómez Rodríguez. Reservas de Derechos al Uso Exclusivo 04-2014-120517405800-203, ISSN: 2448-9042, otorgados por el Instituto Nacional del Derecho de Autor. Responsable de la última actualización de este número: Departamento de Estudios de la Comunicación Social, División de Estudios de la Cultura del CUCSH Campus Belenes, Av. Parres Arias # 150, Col. Belenes, C.P. 45100. Zapopan, Jalisco, México, Dra. Gabriela Gómez Rodríguez. Fecha de la última modificación 29 de agosto de 2017.

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