Ciberdisidencias: De la primavera árabe a Snowden

 

María de Lourdes Ordaz Ocaña1

Villamil, J. (2014). Ciberdisidencias: De la primavera árabe a Snowden. México: Debate, 43 pp.

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Jenaro Villamil, politólogo, articulista y académico, ha colaborado en diversos medios enfocados al análisis político. En numerosas publicaciones ha tratado el tema de las telecomunicaciones y sus implicaciones políticas, lo que le ha dado reconocimiento como especialista en temas de comunicación. Entre sus publicaciones más recientes están: Si Yo Fuera Pre-
sidente, el Reality Show de Peña Nieto
(2009); El Sexenio de Televisa (2011) y Peña Nieto: el Gran Montaje (2012).

En el libro electrónico Ciberdisidencias: de la primavera árabe a Snowden, Villamil propone un análisis a partir de las protestas que se han llevado a cabo en diferentes partes del mundo y que han tenido en común ser originadas en las redes sociales. A través de una serie de interrogantes se cuestiona hasta qué punto el acceso a la web y a la plataforma Internet 2.0 de forma masiva ha tenido repercusiones en la manera de manifestar la indignación ante las políticas de los gobiernos que van en detrimento del bienestar
de las sociedades, así como el uso que se le ha dado a la información que se genera en todo el mundo y que se ha aprovechado en función de los intereses de los grandes consorcios de la información digital para llevar a cabo un espionaje global que pone en riesgo la libertad y el derecho a la intimidad de las personas.

Desde las protestas del llamado m-15 en Madrid hasta las movilizaciones en Brasil por las alzas en los precios del transporte, las redes sociales han tenido un papel fundamental en la organización de dichos movimientos.

En el primer apartado titulado “Hacia un humanismo digital”, Villamil hace énfasis en las movilizaciones sin precedentes de años recientes que se han originado alrededor del mundo, sin tener alguna aparente conexión entre ellas ya que surgieron en contextos diferentes. Es decir, protestas que se originan en lugares tan disímbolos como Alemania, Brasil, Turquía y Estados Unidos, teniendo como elemento común haber sido convocadas en las redes sociales. Como subraya el autor: “el elemento igualador y expansivo fue la transformación de la web 2.0 en una plataforma de convocatoria, contrainformación, deliberación y documentación de los movimientos” (p. 11). Así mismo, trata el complejo fenómeno que se genera a la par del uso masivo de la web como vía de expresión de cualquier índole y que tiene como resultado estar expuesto a un mayor control a través del espionaje que ejercen y administran los gobiernos y los grandes intereses empresariales:

 

La paradoja mayor de esta nueva oleada: las ciberdisidencias se están gestando en las redes sociales y en las grandes plataformas que han sido señaladas por el propio Snowden como mecanismos de espionaje y de control. Después de esta etapa, la generación del Facebook, Twitter, Google, YouTube, Instagram, el Smartphone, Skype, Apple no volverá a ser la misma porque ya comenzaron a vigilar y a protestar utilizando las mismas vías que estaban supuestamente destinadas a lo contrario (pp. 10-11).

 

A partir de este planteamiento, Villamil recupera la postura del filósofo alemán Ulrich Beck, quien propone “la formulación de un nuevo humanismo digital” que promueva fundamentalmente el derecho a la protección de datos y con ello se deje de vulnerar la libertad de los usuarios de la web.

En el apartado “Redes sociales y ciberactivismo”, el autor ejemplifica diversos casos de activistas reconocidos en las redes sociales más famosas, y su papel primordial en las manifestaciones políticas. Haciendo hincapié en la creación, y en algunos casos, en la apropiación de un nuevo lenguaje especializado en torno a las dinámicas propias de Twitter, Facebook, Instagram, YouTube, etc. El ciberactivismo busca, a través de dichas plataformas, darle poder a la ciudadanía en el sentido de que sea posible ejercer su derecho y capacidad de protesta sin intermediarios y creando sus propios espacios. Villamil menciona que
“las coyunturas se han ido gestando a partir de la reciudadanización de las protestas sociales. Los partidos, los sindicatos y las viejas clientelas quedaron rebasados” (pp. 12-13).

Las redes sociales funcionaron como catalizador de todas las denuncias que se hacían en lo individual para conformarse como una postura colectiva, e incluso global. Así mismo, Villamil sostiene que:

 

El libro Power in Movement, escrito en 2010, planteó … que no todos los ciudadanos movilizados respondían a los mismos estímulos aunque sí compartían redes de comunicación similares, separando a la política de las calles de la élite institucional y política (p. 12).

 

Las redes sociales lograron que se llevara a cabo este peculiar fenómeno, ya que lejos de pensar igual, o incluso padecer las mismas políticas, los manifestantes se solidarizaban en torno a las causas de los activistas, sin importar el lugar geográfico de donde procedían.

En el capítulo “El caso mexicano”, el politólogo lleva a cabo un análisis de las razones por las cuales se originó un movimiento de protesta en el que las redes sociales tuvieron un peso importante en su conformación y desarrollo. Dicho movimiento tuvo eco en grandes sectores de la sociedad en un momento coyuntural para México. Las elecciones de 2012 se aproximaban en medio de un clima de descontento e indignación por la situación política que el país atravesaba con el gobierno de Felipe Calderón y las consecuencias de su guerra en contra del narcotráfico. Además de la fuerte crispación social en torno a las campañas electorales que tenían reminiscencias de una campaña de odio echada a andar en 2006 y que había dejado a la sociedad mexicana dividida. Aunado al poder monopólico de los medios de comunicación que ostentaban cada vez más las televisoras y que coartaban el derecho a la información de la mayoría de la población. En este contexto surgió el movimiento #yosoy132 en protesta a la figura de Enrique Peña Nieto por lo que representaba para un sector de la sociedad, en su mayoría estudiantes universitarios con acceso a las redes sociales, quienes a partir de grabaciones propias atestiguaron el repudio que provocaba entre la comunidad universitaria, principalmente. El autor menciona que:

 

De 2009 a la fecha, en México y, sobre todo, en las ciudades más pobladas y entre los jóvenes menores de 30 años el uso intensivo de redes sociales
y medios de la web 2.0 generó un contrapeso al silenciamiento de los grandes medios institucionales y se convirtieron en un factor deliberativo y de incidencia social muy importantes (p. 18).

 

Es así como el activismo político ha permeado en las redes sociales y México no ha sido la excepción al fenómeno generado y autogestado por la ciudadanía con acceso a la web.

Con este antecedente, Villamil trata en el apartado titulado “El 68 y la sociedad del espectáculo”, algunas ideas y referencias teóricas que fueron tomadas como banderas en los movimientos estudiantiles de 1968 alrededor del mundo. Inicialmente se refiere a uno de los planteamientos fundamentales de Walter Benjamin, que Villamil parafrasea de la siguiente manera:

 

Los sucesos contemporáneos no son la sucesión de una serie de eventos, en progreso continuo hacia adelante, sino un juego circular, donde los ciclos y las crisis vuelven a presentarse, con rostros distintos, lenguajes novedosos, pero reclamos similares (p. 26).

 

Con esta idea el autor hace énfasis en el estudio de los acontecimientos actuales desde una perspectiva histórica. Haciendo mención de los teóricos emblemáticos de esta época como Debord, Marcuse, Adorno, Horkheimer y Fromm, quienes conformaron las ideas principales del movimiento estudiantil, Villamil rememora el surgimiento de este movimiento como protesta a lo que se denominaba la “sociedad del espectáculo” (retomando el título de la obra de Debord) misma que se concebía como una sociedad alienada por la industria del entretenimiento y que buscaba administrar el tiempo de ocio provocando el vacío. En este sentido, los estudiantes serían los sujetos revolucionarios que lucharían por el cambio del establishment. Es así como Villamil pone en contexto histórico un periodo de la historia en el cual los movimientos estudiantiles alrededor del mundo fueron parteaguas. En 1968 fue la contracultura y la crítica al “orden deseable en la postguerra” (p. 28). Actualmente sostiene que, aunque pocos jóvenes están al tanto de las tesis principales de Debord y de la escuela de Frankfurt, están participando activa y críticamente “para confrontar a la más antigua especialización del espectáculo: el poder” (p. 28). El poder que busca la permanencia y el control de todos los elementos a su alrededor.

El capítulo “2008-2013 la sociedad de la información” contextualiza y, de cierta forma, saca a relucir algunos elementos comparativos tratando el cambio significativo que han tenido las tecnologías en las dinámicas de las sociedades y cómo las grandes corporaciones especializadas en la informática han sido cada vez más relevantes e influyentes en las formas de interacción social. Villamil lo expresa así:

 

La diferencia sustancial entre la crítica de la sociedad del espectáculo y la sociedad de la información −término acuñado en los años ochenta− es que los instrumentos de alienación se sofisticaron y se volvieron múltiples. Las plataformas convergentes le deben al Internet y a la digitalización la posibilidad de que desde un Smartphone o una pc se generen movimientos alternativos. Pero estas mismas herramientas se han convertido en poderosos instrumentos de control y de espionaje, a la usanza de la distopía orwelliana y en sintonía con la tesis de Foucault sobre el panóptico y la cultura de la vigilancia y el castigo (p. 30).

 

Se han incorporado varios conceptos que se vuelven cada vez más comunes en el lenguaje cotidiano de las jóvenes generaciones tales como: triple play, digitalización, convergencia, web 2.0, redes sociales, etc., a partir de la generalización de estos nuevos elementos y los artilugios necesarios para aprovechar estas condiciones, las nuevas generaciones −las cibergeneraciones como les han llamado− han tenido que enfrentarse a la misma problemática referente a la carga ideológica de los contenidos aunado a la posibilidad de espionaje que subyace a estas tecnologías de la información. El autor sostiene:

 

En otras palabras, la cibergeneración pronto se encontró con la contraparte de la propia utopía: la sociedad de la información no trae consigo, necesariamente, más libertades y mayor democracia. Por el contrario, se multiplican también los mecanismos de control (p. 33).

 

A causa de estas inquietudes en los cada vez más usuarios de la red, se conformaron movimientos de ciberdisidencia en Europa. Un ejemplo de estos fueron: Criptopunk y Cypherpunk, de los que surgió Wikileaks y el Proyecto Tor, movimientos que buscan preservar la intimidad y la secrecía en la actividad de los cibernautas. Ellos sostienen, fundamentalmente, que Internet puede ser el medio por el cual se controle a la humanidad, que existe la posibilidad de vigilar en tiempo real y de forma totalizadora a los usuarios, y que el almacenamiento masivo, contenido en la nube digital, consiste en almacenar todas las telecomunicaciones que se realicen en cualquier computadora, incluyendo las realizadas desde los teléfonos inteligentes, logrando un control total de grupos e individuos a través de su actividad en las telecomunicaciones.

En el capítulo “Big Data y Snowden. El negocio del control”, Villamil pone ejemplos claros de los principales personajes de la ciberdisidencia que han puesto en entredicho a los gobiernos y a grandes corporativos demostrando de forma contundente el espionaje que han llevado a cabo alevosamente. Edward Snowden reveló que existe una vigilancia del intercambio de datos vía Internet y de telefonía celular a través de un sistema llamado prism, el cual intercepta las comunicaciones que se dan a través de los dispositivos. Es importante señalar que esto no se ha limitado a las poblaciones sino que los jefes de Estado, mismos que han cooperado para que exista esta vigilancia, también han sido sujetos de espionaje de sus correos personales y teléfonos celulares. Villamil plantea al respecto que:

 

No se trataba de un sistema de “entrega de datos” habitual, a solicitud de la nsa, sino de un “acceso directo” a las cuentas de los ciudadanos. “En buena conciencia, no puedo permitir que el gobierno de Estados Unidos destruya la intimidad, la libertad de Internet y las libertades fundamentales de las personas con esta máquina de vigilancia que están construyendo en secreto”, declaró Snowden esa ocasión (p. 37).

 

Para el gobierno de Obama, y a la par de Bradley Manning y Julian Assange, Snowden representa al enemigo de su sistema y una peligrosa amenaza a su forma de control. Es importante resaltar lo paradójico que resulta que dichas denuncias se hayan formulado a través de las mismas herramientas acusadas de ser espiadas y vigiladas. Como el autor señala:

 

Las disidencias no van a disminuir. Por el contrario, ante el intento evidente de expandir nuevas fórmulas de control, surgirán movilizaciones globales y denuncias que pueden quebrar a las “grandes hermanas” de la cibergeneración. En realidad estamos ante la punta de un iceberg (p. 39).

 

El planteamiento principal del libro Ciberdisidencias. De la primavera Árabe a Snowden, es poner en la palestra el complejo fenómeno que ha desatado el uso masivo de la web. Tomando en cuenta no solo las grandes bondades que significa la facilidad y la universalidad de llevar a cabo un intercambio global de información, sino, además, poniendo en un justo medio la posibilidad de que estas nuevas dinámicas de comunicación se conviertan justamente en un panóptico global que lleve a controlar de forma cada vez más totalitaria a las poblaciones a través de sus comunicaciones, de las más íntimas a aquellas que busquen crítica y oposición a determinado gobierno, convirtiéndose en víctimas de su actividad en la web.

Actualmente el tratamiento de las temáticas en torno a la comunicación digital adquieren mayor relevancia por ser un fenómeno que se hace cada vez más presente en la cotidianidad, así como por la complejidad que le subyace, mismo que contrae una serie de implicaciones y consecuencias que estamos en proceso de conocer y entender.

 

1 Universidad Autónoma Metropolitana, Unidad Xochimilco, México.

Correo electrónico: lulabyeordaz@hotmail.com